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sábado, 25 de noviembre de 2023

Dia Nacional del Vino Argentino - 24 de Noviembre

 

24 DE NOVIEMBRE DIA NACIONAL DEL VINO ARGENTINO

(Un Resumen de la Nota publicada por Fabricio Portelli)

 

Desde 2010, el 24 de noviembre es el Día del Vino Argentino. Ese día se firmó el decreto número 1800 que se transformaría en Ley, el 3 de julio de 2013, y que declaró al vino como la “bebida nacional” de la Argentina.

 Hay que recordar que se hacen vinos en la Argentina desde hace casi 500 años. Esto supone una vasta historia y gran experiencia. No obstante, los primeros 350 años, desde 1556, fueron de una producción artesanal y solo pensando en un consumo regional.

Fue Domingo Faustino Sarmiento quien, a mediados del siglo XIX, implementó los cambios necesarios para convertir a esa producción en una industria. Contrató profesionales de Francia e hizo importar las vides más importantes de aquel entonces, entre las que estaba el Malbec. Gracias a todos esos cambios, a finales del ese siglo, gran cantidad de inmigrantes italianos y españoles llegaron al país por el puerto de Buenos Aires, y se dirigieron en tren, directamente a la región de Cuyo para dedicarse a la vitivinicultura.

El vino es importante para los argentinos, incluso para los que no toman, porque en cada historia de familia, la bebida nacional ha estado presente

Ya en la década de 1930, la Argentina contaba con un importante mercado de consumo, reflejo de la prosperidad de la época. Esos vinos eran consumidos en su totalidad en el mercado interno, a imagen y semejanza de los vinos europeos. Esto produjo no solo una sobreproducción, sino un gran descuido de la calidad, haciendo que, en un momento determinado, más allá de las adulteraciones, el consumidor cambiara su vino de todos los días, por la cerveza. Por aquel entonces, el consumo per cápita de cerveza era casi nulo, mientras que el de vinos era de 90 litros per cápita; el más importante del mundo.

Así fue como las grandes bodegas, incluyendo algunas de las más grandes del mundo, tuvieran que cerrar. Por suerte, siempre hay excepciones. En este caso fueron los productores que defendieron en su momento esos viñedos que con tanto esfuerzo vieron crecer y, gracias a ellos, se salvó el Malbec. Porque de las 60.000 hectáreas plantadas, habían quedado solo 15.000, ya que la mayoría de los viñateros había preferido reemplazar la “uva francesa” por una más productiva.

Con la convertibilidad de los ‘90 las bodegas pudieron tecnificarse y así comenzar a elaborar los vinos pensando en mercados más exigentes. Comenzó la exportación, surgieron los varietales y el vino argentino recuperó protagonismo. Claro, sigue estando muy lejos de dónde debiera. Porque si bien continúa en el “top ten” de los países productores, ya no está entre los diez países que más exportan. Además, el consumo interno se mantiene alrededor de los 22 litros por año por persona, una cifra baja para lo que representa culturalmente esta bebida.

No obstante, es el producto del campo con mayor valor agregado que se produce en el país, y también que se exporta. El vino de más alto precio tiene mil veces el valor del vino más económico.

Por otra parte, la diversidad del vino nacional es tal que existen más de 6.000 etiquetas en todos los segmentos de precio. Las etiquetas y contraetiquetas tienen mucha información, y brindan mucho placer a los consumidores globales, muchos de los cuales, luego de disfrutar un vino argentino en sus lugares, deciden visitar la Argentina, ya sea por placer o por negocios

Tanto ha evolucionado la industria que hoy la calidad ya no es un valor agregado sino una obligación. Es por ello que, en los vinos de alta gama, son los pequeños detalles los que marcan las grandes diferencias. Para muchos es increíble que una botella de vino pueda costar $100.000, mientras que para otros suena lógico ese valor. Ya que los vinos no se miden por lo que cada uno pueda pagar, sino por lo que valen. Y si alguien los puede pagar, es porque lo valen.

 

Y esa es la importancia del vino argentino, porque es un producto agrícola que no tiene límites. Hoy, muchos hacedores han encontrado lugares especiales que, por suelo y clima, se destacan del resto. Pero no es solo una cuestión geo-climática, mucho tiene que ver la participación del hombre, observado e interpretando para intervenir lo menos posible en la naturaleza. Cada cual con un concepto y siguiendo el sueño de hacer vinos únicos, porque los lugares lo permiten. Y al mismo tiempo, que la cultura del vino se siga desperdigando, porque de nada sirve que ellos hagan el esfuerzo y logren grandes vinos si no hay consumidores para disfrutarlos y valorarlos a la misma altura.

 

El vino es parte de la cultura popular de este país y como tal hay que promoverlo, independientemente del nivel de consumo de cada uno, como al mate, al dulce de leche, a las carnes. Porque el orgullo de saber que algo “nuestro” se hace muy bien trasciende el gusto personal.

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